La Costeña arrancó en una tiendita de Tlatelolco con chiles en vinagre y hoy es un negocio de casi 19,000 mdp
Su historia comenzó mucho antes de convertirse en una marca presente en supermercados y tiendas de todo el país, con una expansión que transformó por completo el negocio familiar.

La Costeña es hoy una de las marcas de alimentos más importantes de México, con ventas anuales cercanas a los 19,000 millones de pesos y alrededor de 4,500 empleados. Sin embargo, su historia comenzó muy lejos de esas cifras: en una pequeña tienda de abarrotes ubicada en Tlatelolco , Ciudad de México. La empresa tiene más de 100 años de historia y nació en un México marcado por la Revolución. Desde ese pequeño negocio, la familia detrás de La Costeña construyó poco a poco una compañía que terminaría convirtiéndose en uno de los mayores referentes del país en alimentos en conserva y enlatados. Esta es la historia de La Costeña, una empresa que pasó de una modesta tienda de abarrotes a construir un legado que, más de un siglo después, sigue creciendo dentro y fuera de México.
La Costeña comenzó en una tienda de abarrotes La historia de La Costeña comenzó en 1923 con un negocio pequeño y una idea que, con el paso de los años, terminaría transformando por completo a la empresa. Ese año, don Vicente López Resines adquirió una miscelánea y tienda de abarrotes llamada “La Costeña” , ubicada en el barrio de Tlatelolco, en la Ciudad de México. En aquella época, el negocio estaba muy lejos de parecerse a la compañía que hoy conocemos. Don Vicente comenzó a buscar una manera de conservar los alimentos durante más tiempo sin perder su sabor y encontró en el envasado una oportunidad para llevar sus productos a más consumidores. Sus primeros productos fueron chiles serranos y chiles largos en vinagre, que él mismo preparaba y envasaba de manera artesanal. Para ello utilizaba botes alcoholeros con capacidad de 20 kilos para los chiles serranos y largos, mientras que los jalapeños eran colocados en latas de tres kilos, de acuerdo con la historia oficial de la empresa . La apuesta comenzó a funcionar. La receta tuvo una buena aceptación entre los clientes y la demanda fue creciendo, hasta que aquella pequeña tienda empezó a convertirse, poco a poco, en un negocio de producción de alimentos . Lo que había comenzado como una forma de conservar y vender chiles terminó abriendo el camino hacia una operación mucho más grande. El crecimiento llevó a Don Vicente a dar un paso decisivo en 1937. Ese año instaló su primera línea de producción y abrió una fábrica en la colonia Estrella, en la Ciudad de México. La diferencia con aquellos primeros días era considerable. La Costeña ya no dependía únicamente de la producción artesanal de una tienda de abarrotes: había comenzado a operar a escala industrial y alcanzaba una producción de hasta 500 latas al día. Así, en poco más de una década, La Costeña pasó de una pequeña miscelánea en Tlatelolco a tener una fábrica propia. El negocio que Don Vicente López Resines había iniciado con algunos productos en vinagre comenzaba a tomar la forma de la compañía de alimentos que crecería durante las siguientes décadas.
Así fue como La Costeña se convirtió en un gigante de los alimentos El crecimiento de La Costeña no se detuvo con su primera fábrica. Durante las siguientes décadas, la empresa amplió su capacidad de producción , incorporó tecnología y construyó una infraestructura que le permitió llevar sus productos a un mercado cada vez mayor. Entre 1937 y 1948 comenzó a fabricar sus propias latas para acelerar la producción. Con los años incorporó tecnologías como las latas “abre fácil”, los envases apilables y el sistema de envasado aséptico Combibloc. En 1994 dio otro salto al automatizar el envasado de chiles con 19 líneas de producción. La expansión también llegó a sus instalaciones. Después de su fábrica de la colonia Estrella, la empresa desarrolló su complejo industrial de Ecatepec, en el Estado de México, y posteriormente abrió plantas en Guasave, Sinaloa, y San Luis Potosí. Con ello amplió su capacidad para producir chiles, frijoles, salsas, vegetales, moles, tamales y otros alimentos. A mayor producción también necesitó una red de distribución más grande. La Costeña comenzó a operar Centros Automatizados de Distribución en 2007, 2009 y 2022. Actualmente, de acuerdo con información de la compañía, esta infraestructura tiene capacidad para 135,968 palets y realiza 4.4 millones de movimientos al año. Otro factor fue la diversificación . La empresa amplió su catálogo más allá de los chiles y conservas e incorporó productos como frijoles, verduras, frutas en almíbar, tamales y vinagre. También sumó marcas mediante adquisiciones como Doña Chonita, Aconcagua, Rancherita, Totis, Pepps, Cacahuates Nipón, Zacks y Marián . De esta manera, La Costeña fue construyendo su crecimiento durante décadas: primero aumentó su capacidad de producción, después extendió su infraestructura y finalmente amplió su oferta con nuevos productos y marcas. La pequeña empresa que comenzó con chiles en vinagre terminó convirtiéndose en un grupo mucho más amplio dentro de la industria de alimentos.
La empresa en la actualidad Más de un siglo después de aquella pequeña tienda de abarrotes, La Costeña mantiene una operación de gran escala. En 2025, la compañía registró ingresos por 18,970 millones de pesos , un crecimiento de 7.8% frente al año anterior, y reportó una plantilla de alrededor de 4,500 empleados . En la edición 2026 de Las 500 empresas más importantes de México de Expansión , ocupó el lugar 239, tres posiciones por debajo del año previo. Las cifras muestran que el crecimiento de la compañía no es únicamente parte de su historia: continúa siendo un negocio relevante dentro de la industria mexicana de alimentos. A ello se suma su resultado en el índice IC500, donde obtuvo 96.1 puntos sobre 100 en materia de políticas anticorrupción y transparencia. Muere Vicente López Rodea, presidente de La Costeña Sin embargo, 2026 también marca un momento de transición para la empresa. El 16 de septiembre se confirmó el fallecimiento de Vicente López Rodea , quien presidía el Consejo de Administración de Grupo La Costeña y pertenecía a la segunda generación de la familia al frente del negocio. López Rodea fue hijo del fundador , Vicente López Resines, y hermano de Eugenio López Rodea, fundador de Grupo Jumex. Durante su trayectoria también encabezó Sabormex y participó en la creación de la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias (CANAINCA). En 2023, Expansión lo incluyó en su lista de los 100 empresarios más importantes de México. La muerte de una de las figuras centrales de la segunda generación ocurre mientras La Costeña conserva una operación sólida y una escala que contrasta radicalmente con sus orígenes. El principal reto de la compañía hacia adelante será mantener esa expansión y, al mismo tiempo, dar continuidad a un proyecto empresarial familiar que ya atraviesa su segundo siglo de historia. ]]>