Los Tancol en Venezuela: detenidos y torturados para que se declaren guerrilleros
Entre 2021 y 2022 fueron apresadas decenas de personas en los pueblos fronterizos con Colombia. Sus familias, que callaron durante años, se atrevieron a denunciar

GABY ORAA
Iraima Andreina Acosta Moncada tenía 18 años y quería estudiar para ser policía cuando le metieron la cabeza en una bolsa con cloro, vinagre y talco. “En un momento le preguntaron que si quería ver a San Pedro y ella dijo que sí, porque pensaba que era un abogado. En eso le metieron la cabeza en la bolsa”, relata su madre, Yadimir Moncada. Lo hicieron varias veces hasta casi asfixiarla, antes de darle un disparo que le entró por la espalda y le salió por el abdomen y meterle los dedos en la herida que, cada mes, cuando le viene la regla, le duele hasta el desmayo. “Ella es una bebé. Cómo van a decir que mi hija es una terrorista, una guerrillera”.
Por Florantonia Singer | El País
El 12 de enero de 2022 los policías de la Dirección General de Contrainteligencia Militar la detuvieron en un hotel en la población de La Victoria, en Apure, donde la frontera entre Colombia y Venezuela casi se borra. Los hombres encapuchados de negro la manosearon, amenazaron con violarla y le mostraron fotos de cuerpos picados diciéndole que eran los de su familia. A Iraima Andreina la acusaron de terrorismo, como a decenas de campesinas y jornaleros, algunos menores de edad, funcionarios policiales de bajo rango y pobladores de los caseríos más apartados de la frontera colombo-venezolana. Fueron llevados a la fuerza, sin identificación ni orden, durante una redada emprendida por el Gobierno de Venezuela entre 2021 y 2022 para supuestamente replegar a los grupos armados que se mueven en ese conflictivo borde de Suramérica.
Sus casos han sido denunciados por la organización Surgentes. Este año ha comenzado a documentarlos, cuando las familias se atrevieron a hablar en medio de la apertura política presionada por la intervención estadounidense del 3 de enero. Son presos políticos que no estaban en el conteo, que no eran visibles. Van unos 68, pero Antonio González, miembro de la ONG, estima que puede tratarse de más de 200. “Sus únicos delitos son vivir en la frontera, ser pobres o tener la nacionalidad colombiana”, señala. Están unidos en sus expedientes por un acrónimo que inventó Nicolás Maduro en uno de sus actos transmitidos por televisión. “No son ni guerrillas, ni seudoguerrillas, ni paracos; son los Tancol: terroristas armados narcotraficantes de Colombia. Y esos grupos Tancol han venido infiltrándose en territorio venezolano”, dijo Maduro ese 2021, cuando declaró la guerra contra un grupo del que nadie había escuchado jamás.
Disputas de territorio
Cuando Maduro habló de los Tancol dijo que eran pagados por la oligarquía colombiana, como parte de la enésima conspiración tramada en su contra. Mientras tanto, avanzaban sobre territorio venezolano las disidencias de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), los “farianos” y los “tres letras”, los nombres en clave con los que prefieren referirse a ellos quienes están obligados a convivir con las guerrillas irregulares de Colombia.
La ofensiva contra los Tancol fue la respuesta del Gobierno venezolano al recrudecimiento del conflicto entre las guerrillas. Por años, se ha señalado a algunas estructuras del chavismo de tener pactos con las guerrillas colombianas para el control compartido de rentas ilícitas mediante la explotación de oro y el contrabando de combustible. Está documentado en investigaciones periodísticas, por organismos internacionales y ONG locales. El Gobierno reiteradamente había guardado silencio, hasta que Maduro resolvió meterlos a todos —involucrados o no— bajo el nombre de Tancol, para no mencionar a ninguno de los principales grupos.
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