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Viaje a las Lofoten, islas de montañas, frailecillos y leyendas de troles

Enormes picos que emergen desde el mar, naturaleza salvaje protagonizada por aves o ballenas y días eternos en verano por el sol de la medianoche. En este bello archipiélago en el Ártico noruego no faltan casas de pescadores convertidas en alojamiento o museos vikingos

Por: Redacción InteractPostNews | México ·

Una imagen que quedará siempre grabada en el recuerdo es la de las islas Lofoten cuando uno se va acercando en el ferri de Bodø, escoltado por frailecillos en vuelo rasante sobre el mar y alguna orca junto a su cría surcando las aguas. Un muro de piedra de islas montañosas se yergue ante nosotros con enormes picos y vertiginosas laderas de tonos ocre, verde o blanco, según la estación. Emergen verticalmente desde el mar hasta los 1.000 metros de altura con forma de molares agrietados o uñas de felino: Lofoten significa pies de lince.

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Bacalao, ‘skolebrød’ y cerveza Thorvaldur

El bacalao, el salmón, el arenque, el pez gato, las gambas y las carnes de ballena y reno son parte de la dieta del archipiélago noruego de las Lofoten. Se pueden degustar en restaurantes como el Underhuset de Reine, el Lofotmat de Henningsvaer, el Børsen y el Paleo Arctic de Svolvaer, o el Lysthuset de Andenes. También en el vecino archipiélago de las Vesterålen.

Dado que ir de restaurantes en Noruega sale caro, una alternativa es comprar gambas directamente a los barcos atracados en el puerto; algún queso local y embutido de reno en mercadillos como el de Svolvaer; pan, un típico rollo de canela o un skolebrød con natillas a la cúrcuma y coco en panaderías como la del pueblo de Å, en la Unseld de Kabelvåg o en el café Lysstøperi de Henningsvaer; una cerveza local Thorvaldur en el supermercado, y sentarse en algún banco con mesa mirando al mar. Un lujo más asequible.

También se puede degustar pescado fresco en los pesqueros en los que se visita el Trollfjord, en los que se invita al turista a pescar con anzuelo. Los lomos de las capturas se cuecen con agua de mar y pimienta, se sirven sobre una tostada con mantequilla y se degustan mientras uno ve a las águilas marinas cazando al vuelo los desechos que se tiran por la borda.