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Archie pasó años encerrado con un tumor en la cabeza pero logró conocer el amor antes de cruzar el arcoiris

Rescatar también es acompañar. El perrito fue operado y atendido por sus rescatistas, pero no logró superar el trance, dada su debilidad por tantos años de maltrato. La entrada Archie pasó años encerrado con un tumor en la cabeza pero logró conocer el amor antes de cruzar el arcoiris se publicó primero en Últimas Noticias.

Por: Redacción InteractPostNews | Venezuela ·
Archie pasó años encerrado con un tumor en la cabeza pero logró conocer el amor antes de cruzar el arcoiris

Casi siempre, esperamos que un rescate termine con un final feliz, con el perro en su casa nueva, moviendo la cola en un sofá y una familia que lo quiere. Este no es el caso; hay rescates que terminan en lágrimas. Archie es un caso especial, más común de lo que quisiéramos. A veces, aunque el esfuerzo y la voluntad sean el máximo, el resultado no necesariamente es lo que se quiere.

Esta es la historia de Archie; un perrito que vivió años encerrado en un cuarto oscuro en Baja California Sur, en México. Cuando apareció un tumor en la cabeza, nadie lo atendió. Su dueño, lejos de cuidarlo o llevarlo al veterinario, lo veía como un monstruo, y cuando ese tumor creció y se hizo muy visible, simplemente lo tiró a la calle. Así, sin más.

El 1 de septiembre de 2026, Trinidad Arreola, una de las pocas personas que lo vio como un animal que necesitaba ayuda y no como un monstruo, lo encontró comiendo basura. Vecinos le contaron lo que sabían, en resumen: que estuvo encerrado mucho tiempo, que nunca lo llevaron al veterinario, que lo más fácil para su dueño fue deshacerse de él. Trini no lo pensó dos veces y le dio resguardo.

Cuando una historia toca las redes sociales, rompe fronteras.

A los pocos días, el creador de contenido y guía de expediciones Arturo Islas Allende conoció el caso y decidió asumir los gastos médicos junto a Cheto Alvarado. El primer video, publicado el 3 de septiembre, superó los 400.000 Me gusta, los internautas reaccionaron. Arturo, en una muestra de afecto y empatía hacia Archie, le dijo que no era un monstruo, sino un guerrero.

El tamaño del tumor comprometía uno de los ojos de Archie; no veía por ese ojito. Se consideró la eutanasia, claro, como una opción, considerando lo comprometida que pudiera estar la salud del perrito… pero quedó como la última opción. 

Y aquí está lo que muchos no ven de un rescate. Antes de pensar en operarlo, era necesario prepararlo, Archie llegó con anemia y muy desnutrido, como consecuencia de  tantos años de abandono. Trini le dio alimento especial, vitaminas, cuidados diarios. Le hicieron exámenes de sangre, de orina, una biopsia y una tomografía, etc. Era necesario saber si resistiría una cirugía.

Ver el miedo, su dolor, incomodidad y prometerle que va a estar bien sin tener la certeza de poder cumplirlo, es una promesa que muchos proteccionistas hacen con la esperanza de cumplir, pero el costo emocional es tan alto, casi nadie habla de esto, solo hacen la promesa y le ofrecen lo mejor.

La cirugía

El tumor empezaba a presionar el cerebro y Archie ya había tenido vómitos, era necesario tomar una decisión, a mediados de octubre lo operó el equipo de Wild Animal Vet, encabezado por el veterinario Fernando Cortés.

El resultado fue impresionante, le quitaron un tumor de 2,4 kilos, que resultó benigno. ¡Más de dos kilos cargando en la cabeza todo el tiempo! Y lograron salvarle un ojo, además, el doctor Cortés anunció que no cobraría su trabajo, ni el de su equipo, para que ese dinero pudiera usarse en otro animal.

Los días siguientes fueron de esperanza pura. Archie se veía raro, como extrañado de no tener ese peso, caminó, comió, hizo sus necesidades, salió a dar sus paseítos. En el segundo día de recuperación, Arturo y sus hijos le cantaron «Color esperanza», se veía a los niños con la ilusión de ver a este perrito recuperado, para el 20 de octubre corría y trotaba, estaba atento a todo lo que pasaba a su alrededor y olfateaba los puntos donde otros perros hubiesen marcado. Verlo recuperarse y tener una vida de perro normal, daba mucha ilusión.

Tenía un vendaje de presión para que la piel cicatrizara bien después de una operación tan invasiva, además un concentrador de oxígeno para ayudarlo a respirar mejor y a recuperarse. Neurológicamente estaba bien; su cerebro no se había tocado en ningún momento.

Pero el pronóstico seguía siendo reservado. Archie tenía días buenos, días malos y días regulares.

Lo que no se pudo vencer

El 25 de octubre, Arturo contó que Archie no había pasado una buena noche, la batalla ahora era estabilizar sus glóbulos rojos, para esto le hicieron una transfusión de sangre, lo monitoreaban las 24 horas y Trini no se separó de él en el hospital.

El 26 de octubre, a las tres y media de la madrugada, Archie murió de un paro cardiorrespiratorio. La cirugía había salido bien, la cicatrización iba perfecta, lo que su cuerpo no pudo superar fue el desgaste de tantos años sin atención, la anemia que ya no le permitía producir suficientes glóbulos rojos. Como lo explicó Arturo en su despedida, Archie «se nos fue por muchos años de abandono».

Y como en muchos casos, el dolor de saber que ya habían tomado la decisión de quedarse con él, de darle amor en casa, ahora es la pérdida, las dudas y la promesa, planes que no pudieron ser.

¿Valió la pena?

Sé que muchos se lo preguntan. ¿Para qué operarlo? ¿Para qué tanto esfuerzo si al final no lo logró?

Claro que sí, Archie pasó años en la oscuridad, sin una caricia, sin un veterinario, sin nadie que lo viera como lo que era, no fue amado, no tuvo atenciones hasta su rescate. Y sus últimas semanas las vivió rodeado de personas que lo querían de verdad: comió bien, lo bañaron, lo curaron, le cantaron, salió al sol, corrió. Conoció el cariño, el mimo, se fue acompañado y amado.

Eso también es calidad de vida y parte del rescate.

Archie es uno de muchos. Detrás de cada animal recuperado de la calle, hay personas como Trini, que se detienen cuando todos pasan de largo, veterinarios que hacen lo imposible, gente que invierte su tiempo, su dinero y entrega el corazón en un rescate animal que no tenía oportunidad, a veces, aunque se haga todo bien, el cuerpo ya no responde. No es un fracaso. Es el precio que deja el abandono.

Así que, si alguna vez rescataste a un animal y no pudiste salvarlo, quiero que sepas algo: hiciste lo correcto. Le diste lo que nadie le había dado, la oportunidad de ser amado, de recibir atención, ese compendio de cosas que rodea un rescate y la recuperación de un animal.

Si tienes un perro o un gato en casa… llévalo al veterinario, llévalo a tiempo, no lo encierres, no lo abandones. Archie no merecía esa vida. Ninguno la merece y ningún animal lo merece.

Buen viaje, Archie, los internautas que siguieron esta historia, también te amaron.

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