Caos y angustia en Atocha: "No puede ser, otra vez parece una pesadilla"
Cientos de policías, efectivos de emergencias, personal de seguridad y un ejército de trabajadores con chalecos amarillos tratan de poner orden en una estación […]


Cientos de policías, efectivos de emergencias, personal de seguridad y un ejército de trabajadores con chalecos amarillos tratan de poner orden en una estación de Atocha sumida en el caos y la confusión tras el accidente ferroviario de esta mañana en Urda (Toledo), donde un AVE de Renfe que cubría el trayecto Madrid-Sevilla alcanzó por detrás a un tren de Iryo que circulaba en el mismo sentido.
Por elmundo.es
El choque se produjo a las 8.54 y dos vagones cayeron por un terraplén. En el Iryo viajaban 147 pasajeros y en el AVE, 397. El Gobierno de Castilla-La Mancha cifra en al menos 30 los fallecidos, aunque las primeras estimaciones sobre el terreno, todavía no oficiales, apuntan a que el balance podría acercarse al medio centenar. Adif ha interrumpido la circulación en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía.
Ese corte se deja sentir en cada rincón de la estación madrileña. Ningún tren con destino a Andalucía sale de Atocha. Iryo y Ouigo han cancelado todos sus servicios desde Madrid hacia el corredor sur, y Renfe ha habilitado cambios y anulaciones gratuitos.
Y entre el ajetreo rutinario de Atocha predomina la aprensión y, sobre todo, la incertidumbre. “Me horroriza pensar que un familiar o alguien que conozco pudiera estar en uno de esos vagones”, dice Pilar, maleta en mano, a la salida de la estación. Y añade: “No entiendo cómo no se ha detectado que había un tren parado. Es incomprensible“.
Ante las cancelaciones, decenas de afectados se amontonan a las puertas de la oficina que Renfe tiene en la estación. “No podemos estar así cada dos por tres”, le espetaba uno de los afectados a una trabajadora que, con gestos de comprensión, acompañaba con su mirada el enfado del usuario.
Otros como Aurelio, además de cargar contra el ministro de Transportes, Óscar Puente, recordaban cómo éste hace unos meses, en enero de este año, aseguraba de que la posibilidad de que se repitiera otro accidente como el de Adamuz era “bajísima”, y pedía “tranquilidad”. “Ojalá viajara más en Cercanías, eso le haría bajar a la tierra. […] No puede ser que la gente empiece a tener dudas en coger la Alta Velocidad, él es el responsable de que no sucedan episodios como este”.
Méndez Álvaro, también colapsado
A los pasajeros que no pueden tomar sus trenes se les deriva a pie hacia los autobuses que esperan calle abajo, en Méndez Álvaro, una vía colapsada por los vehículos y por la procesión constante de viajeros, la mayoría con destino a Sevilla, que arrastran sus maletas por la acera.
Las derivaciones se producen de forma oficial y oficiosa. Cuando los viajeros confusos piden ayuda, los propios empleados de las compañías ferroviarias les sugieren caminar hacia la vecina estación de autobuses para buscar alternativas. “Si tenéis prisa, lo mejor es que vayáis a Méndez Álvaro e intentéis conseguir un billete”.
En el acceso de Méndez Álvaro se llegaron a formar incluso atascos humanos durante las primeras horas de la mañana.
En estos momentos, los antidisturbios mantienen cortados al menos 500 metros de acera y están impidiendo acceder a la estación por la puerta de la citada vía, lo que está desatando numerosas protestas de los viandantes: “Tengo que coger el cercanías para ir a trabajar”, protestaba un ciudadano a los antidisturbios.
Previamente, la situación era mucho más confusa. Bajo el arco quedaba un pequeño paso para los peatones que accedían a la estación por el cuello de botella en el lado izquierdo. Junto a ellos, la prensa acordonada entre vallas en la calzada y decenas de UIP sólo permitían el paso a los vehículos especiales y ordenaban a los taxistas que sigan circulando: “No se puede parar en la estación. Sigan”.
Junto a esa entrada hay una zona vallada a la que solo pueden acceder policías, sanitarios y personal ferroviario.
“Podríamos haber sido nosotros”, cuenta una señora, compungida, de camino a uno de los autobuses situados cientos de metros más abajo, en la calle Méndez Álvaro. Mientras tanto, entre los corrillos de viajeros afectados se repite una comparación: “Esto es como lo de Adamuz otra vez”. El pasado 18 de enero, el descarrilamiento de un Iryo y un Alvia en esa localidad cordobesa causó 46 muertos. El fantasma está presente también entre los empleados: “No puede ser que haya pasado esto otra vez, esto parece una pesadilla”, lamenta un trabajador de Renfe. “Se vienen un par de días horribles”, sentenciaban dos trabajadores.
Atención a las víctimas en Atocha
Adif ha anunciado puntos de atención a los afectados en Madrid-Atocha, Sevilla-Santa Justa y Córdoba-Julio Anguita.
El subdirector de Protección Civil de la Comunidad de Madrid, Pascual Galera, ha explicado ante los medios de comunicación que se ha “montado un servicio de atención psicosocial para estos familiares” que sigue “el mismo protocolo que Adamuz” para que los afectados puedan venir a consultar sobre el estado de sus seres queridos.
Este portavoz señala que los familiares han estado llegando “poco a poco durante toda la mañana”, que “la gente se encuentra nerviosa” y explica que se les está ofreciendo “desplazarse a la zona” del siniestro.
Sobre la identidad y procedencia de las víctimas, el subdirector de Protección Civil señala que trabajaban con la hipótesis, a falta de confirmar con el cruce de las listas de pasajeros, de qué en su mayoría serían residentes en la región: “Entendemos que la mayoría serán de Madrid”.

























































