Cuauhtémoc Cárdenas, el presidente que siempre le hará falta a México
Con la muerte del ingeniero Cárdenas se cierra una etapa política en México. ¿Quién llenará el vacío político y moral que deja? Homenaje La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ocurrida el 28 de octubre de 2026, a los 92 años, marca el fin de una era en la historia política de México.

Con la muerte del ingeniero Cárdenas se cierra una etapa política en México. ¿Quién llenará el vacío político y moral que deja?
Homenaje
La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ocurrida el 28 de octubre de 2026, a los 92 años, marca el fin de una era en la historia política de México. Se ha ido uno de los principales protagonistas de la lucha por la democracia y la soberanía nacional, pero también el hombre cuya ausencia en la Presidencia de la República dejó una de las grandes interrogantes de nuestra historia política: ¿Qué hubiera pasado con México si no le hubieran hecho fraude en 1988?
La historia política moderna de México entró en un impasse a partir del año en que “se cayó el sistema” del cómputo electoral y le robaron la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, heredero directo de sangre e ideales políticos humanistas del general Lázaro Cárdenas del Río, su padre.
Un año antes, en 1987, Cárdenas había renunciado al PRI, un partido que, a su juicio, había perdido el rumbo y olvidado las causas que le dieron origen. El proyecto nacionalista y de justicia social que había impulsado su padre cedía terreno ante un modelo económico neoliberal encaminado a entregar empresas paraestatales y recursos estratégicos a intereses privados.
La corrupción, la concentración del poder y el enriquecimiento de las élites políticas y empresariales profundizaron una ruptura que habría de transformar la historia democrática del país.
Ver por el bien común fue su naturaleza. Creció apoyando a los más desprotegidos, a las luchas sociales de campesinos, obreros y estudiantes; enfrentando las injusticias y las imposiciones de un partido de Estado del que no dudó en separarse, aunque lo hubiese fundado su padre.
Su lucha democrática tuvo una victoria histórica el 6 de julio de 1997, cuando se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal electo por voto popular, con el 48 por ciento de los sufragios. Terminó así con décadas de regentes designados desde la Presidencia de la República y abrió una nueva etapa de autonomía política y pluralidad en la capital.
México sigue sin resolver las causas profundas de las desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales, a pesar de que en 2018, treinta años después del fraude, ganara Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, el cardenismo no quedó sepultado en 1988. Hoy, su legado parece encontrar una continuidad más cercana en la presidenta Claudia Sheinbaum, cuya formación política también nació de aquellas luchas democráticas. La defensa de la soberanía nacional, el Estado social y la participación popular constituyen principios que vinculan su proyecto con el pensamiento cardenista.
El 29 de octubre, durante la mañanera, Sheinbaum recordó cómo conoció al ingeniero cuando llegó a la vecindad donde vivía para invitar a jóvenes del movimiento estudiantil a incorporarse a su lucha democrática. Definió su legado en dos palabras: honestidad y democracia, una democracia que viene de abajo, del pueblo y no de las élites. Lo despidió con un sentido: «¡Hasta siempre, ingeniero!».
Por eso, Cuauhtémoc Cárdenas siempre será el presidente que le hizo falta a México.
Con su partida se cierra una etapa fundamental de la historia política nacional. Pero sus ideales permanecen y hoy adquieren una nueva dimensión. ¿Quién llenará el vacío político y moral que deja el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas?
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