El olvido impuesto: el draconiano castigo de la memoria en la antigua Roma
En Roma, la caída de un emperador podía acarrear la destrucción de sus estatuas, la eliminación de su nombre de los monumentos y la alteración de sus retratos, como lo demostraron los casos de Domiciano y Geta.

En la Roma imperial, la derrota política no solo significaba la pérdida del poder, sino también la aniquilación de la propia huella histórica del gobernante. El proceso, conocido como "damnatio memoriae", ordenaba la destrucción de estatuas, la supresión del nombre en inscripciones y la alteración de retratos para borrar al caído de la memoria colectiva. Ejemplos emblemáticos son el emperador Domiciano, cuyo rostro fue borrado tras su asesinato en el 96 d.C., y el joven co‑emperador Geta, cuya imagen fue literalmente tachada de los relieves junto a su hermano Caracalla. Estas medidas revelan cómo el poder romano buscaba controlar no solo el presente, sino también el relato del pasado, asegurando que la historia oficial reflejara únicamente a los vencedores.

























































