Peregrinaje por pueblos y llamadas a los hospitales para encontrar a los desaparecidos: “Saben que está vivo, pero no dónde”
En el pabellón habilitado para atender a los afectados, la incertidumbre se mezcla con el miedo mientras las familias intentan reconstruir el paradero de quienes viajaban en los trenes accidentados


En el colegio público de Urda, habilitado para atender a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario, los nombres se leen en voz alta y cada uno se convierte en una espera insoportable. Los familiares pasan del polideportivo a una sala del centro. Una voluntaria de Protección Civil comienza a leer: “Miguel, Marina, Ignacio, Emilio”. Todos escuchan pendientes de cada sílaba, con el corazón en un puño y la respiración contenida. “Es solo una lista para hablar individualmente con los familiares de las personas afectadas”, explica la voluntaria. Pero no. Es la lista de los fallecidos. Un mazazo que acaba con horas de incertidumbre para dar paso ahora al vacío.

























































