Elecciones en Estados Unidos: ¿quién gana y quién pierde en México?
Quienes pensaban que negociar con los republicanos sería complicado deben considerar que con los demócratas lo será aún más. Continuarán las exigencias y México seguirá cediendo en todo, sin negociar nada más que impunidad

Las elecciones intermedias de Estados Unidos habían generado expectativas y también historias de ficción en México. Se llegó a especular que Donald Trump iría contra los líderes del crimen organizado y contra los políticos que presuntamente los protegen; que ordenaría incursiones militares o impondría nuevos aranceles, incluso, ciertos sectores alimentaron la idea de que los estadounidenses vendrían “a salvarnos”.
Pero más allá de esos pronósticos, el resultado electoral respondió al descontento interno, a factores que enfrenta el ciudadano común en el vecino país, como el encarecimiento de la vida, el costo de la gasolina, la política migratoria, la corrupción y las consecuencias de una política exterior y comercial que afectó la relación con sus principales socios, México y Canadá.
La guerra con Irán y sus efectos económicos también pesaron en el voto, así como el tema del narcotráfico que tocó a los principales carteles de la droga en México, pero sin resultados visibles dentro de Estados Unidos.
En lo que fue una dolorosa derrota para el partido de Trump, al final de la jornada, los demócratas ganaron las mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado. Pero, ¿qué vendrá para México con esta nueva composición política?
Lo importante está en entender los cambios en la relación bilateral, a qué sectores impactará, a quién beneficia y quiénes tendrán que ajustar sus estrategias.
Una relación nada sencilla
No es un secreto que López Obrador y Sheinbaum trabajan mejor con los Republicanos y en especial con Donald Trump. AMLO encontró en el mandatario un interlocutor con quien pudo establecer una relación política y un trato de “amigos”. Ambos supieron privilegiar sus intereses y cálculos internos, mientras la relación institucional quedaba subordinada.
Ejemplo de lo anterior fue la reunión de julio de 2020 en la Casa Blanca, en plena campaña presidencial estadounidense los dos presidentes invitaron a empresarios amigos. Sin embargo, Trump siempre trató a México desde una posición de presión, particularmente en migración, seguridad, comercio y energía, mientras López Obrador aceptaba acuerdos que permitieron mantener la relación sin confrontación.
Con la llegada de Joe Biden, el escenario cambió. AMLO no reconoció oportunamente su triunfo y, en su primera reunión recurrió a la frase célebre de Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Hubo diferencias en materia migratoria, energética y ambiental, aunque el T-MEC continuó siendo el marco central de la relación comercial, el cambio climático, considerado por Biden como de seguridad nacional, para Trump y AMLO no existía.
Ebrard puede recuperar terreno
La relación con los demócratas también tuvo repercusiones dentro de Morena. Marcelo Ebrard construyó una relación durante años. En su autoexilio entre 2016 y 2017 participó en actividades de apoyo a la campaña de Hillary Clinton, lo que le permitió establecer contactos, especialmente con estados del suroeste de la Unión, que, ya como secretario de Relaciones Exteriores, le sirvieron para fungir de puente con la administración Biden.
Su salida de la Cancillería y el deterioro de la relación con el embajador Ken Salazar coincidieron para que, en agosto de 2024, López Obrador anunciarar una pausa en la relación con la embajada estadounidense, después de las críticas de Salazar a la reforma judicial.
Ahora, con los demócratas al frente de ambas cámaras del Congreso, Ebrard podría recuperar relevancia y ser determinante como interlocutor por la vía diplomática.
Vendrán seguramente cambios importantes en energía, medio ambiente, migración y en las negociaciones del T-MEC, así como en los ejes del poder político y económico, aunque la agenda también dependerá de la Casa Blanca, los legisladores y los intereses económicos estadounidenses.
Con este cambio en la geografía política, y de cara a las elecciones presidenciales de 2028, se darán importantes ajustes, por lo que muchos empresarios del Consejo Nacional de Inversiones que preside Francisco Cervantes y Carlos Slim ya deberían ir poniendo sus barbas a remojar.
El T-MEC y los reacomodos
Quienes pensaban que negociar con los republicanos sería complicado deben considerar que con los demócratas lo será aún más. Mantendrán exigencias en materia laboral, ambiental, salubridad y de cumplimiento de compromisos comerciales y México continuará cediendo todo sin negociar nada más que impunidad para políticos del régimen.
La derrota republicana también tendrá consecuencias para Trump, cuya agenda enfrentará un Congreso adverso y mayores obstáculos políticos. Vienen cambios paulatinos, negociaciones difíciles, reacomodos y nuevas confrontaciones. La pregunta es ¿hasta dónde llegarán?
X: @diaz_manuel














































