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La tercera y media transformación

Entre la 3T y la 4T hubo un intermedio: el CEU, una especie de Tercera y media transformación, en la que la paracleta Sheinbaum anticipó la llegada de la Cuarta con su El Supremo.

Por: Redacción InteractPostNews | México ·
La tercera y media transformación

La semana pasada la presidenta Sheinbaum se convirtió en una más de las “Mujeres en la Historia” que canta y celebra el Pueblo. Todo indica que aunque lleva apenas dos años de su gestión, ya amerita recibir modestamente homenaje patrio junto a Leona Vicario y La Corregidora, junto a Dolores del Río y “Las Hijas de Cuauhtémoc”.

Esto lo ha dispuesto un gracioso señor llamado (“¡¡Amigas, amigos!!”) Genaro Villamil que, además de ser un periodista preclaro, es el mandamás del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR) que controla los canales de TV y de radio y que en 2026 administró 400 millones de pesos (“¡¡Bienvenidos y bienvenidas!!”).

Desde un tal “Canal 14”, el sonriente Villamil promulgó la orden de celebrar el aniversario 40 del “Consejo Estudiantil Universitario” (CEU) con una serie de documentales titulada “Conquistar la esperanza” (es en serio, me cae). Se recordará que ese CEU “tomó” la UNAM para oponerse a “Fortaleza y debilidad de la UNAM”, documento en el que el rector Jorge Carpizo convocaba a la crítica de la institución, castigada 10 años antes por otra “toma”, la del Sindicato de Trabajadores (STUNAM) en 1977.

Los saldos de esos paros fueron bastante exiguos. El triunfo del STUNAM produjo un costoso caos en la UNAM, la politizó y la forzó a burocratizarse con miles de funcionarios acadestrativos y personal de confianza que reemplazaran al pueblo unido jamás será vencido, conquistado durante 28 años por un líder sindical de “izquierda” llamado Agustín Ramírez.

El CEU tampoco logró gran cosa, salvo convertir a la UNAM en un kínder de activismo emanado de los auditorios Ho Chi Min y Che Guevara y ponerla en manos de una nueva camada encendida.

La súbita urgencia del SPR por conmemorar al CEU se debe, en realidad, a que entre sus filas militó Sheinbaum, como lo blasonan los corifeos que conquistan su esperanza en un “relato coral” (sic) que le canta himnos transformativos, en el que se cuentan Ramírez Cuevas y Fabrizio Mejía (dos plagiarios probados) así como el inolvidable Carlos Ímaz, para quien el CEU fue una “escuela política de masas”, y quien acabó aplastado por sobres de billetes (“¡La UNAM a tus pies, chamaquito!”), y por otros profesionales de la protesta como reflejo pavloviano que acabaron como funcionarios de la UNAM.

Sería curioso el empeño de involucrar a Sheinbaum en esta beatificación del CEU, si no fuera porque ella misma lo propició al declararlo defensor original “del derecho a la educación”. Y bueno, la orden de acatar esa fantasía obligó a sus primeros ministros a redactarle la epopeya adecuada para convertirla en “mujer en la historia”.

Uno de ellos, especialmente cómico (a sueldo de lo que en tiempos de Lázaro Cárdenas se llamaba con sinceridad el "Departamento Autónomo de Publicidad y Propaganda” y ahora se llama SPR) miró los documentales y conmovido se preguntó “¿Quién es la jovencita que desata huracanes?”. Y se respondió: ¡Sheinbaum!

Pues sí. Como explica el monomito, hay un momento catalizador en el que al héroe (o heroína) se le revela el llamado a salvar al Pueblo. Bueno, pues resulta que a nuestra heroína Sheinbaum ese llamado le llegó por medio del CEU.

Así pues, entre la 3T y la 4T se ha decretado que hubo un intermedio: el CEU, una especie de Tercera y media transformación, en la que la paracleta Sheinbaum anticipó la llegada de la Cuarta con su El Supremo, que a su vez la nombró Suprema, que a su vez… Etcétera.

¿Qué sigue? Fácil: algún diputado combativo propondrá que el CEU quede inscrito en el Muro de Honor del Congreso y en los billetes de lotería.