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La «de-hormuzación» energética: una tendencia inevitable

Lea aquí el artículo de Lei Xiamping corresponsal en Venezuela de China Media Group La entrada La «de-hormuzación» energética: una tendencia inevitable se publicó primero en Últimas Noticias.

Por: Redacción InteractPostNews | Venezuela ·
La «de-hormuzación» energética: una tendencia inevitable

Desde el estallido del conflicto directo entre Irán y Estados Unidos en febrero, Teherán ha acentuado la instrumentalización del estrecho de Ormuz como baza negociadora. Amenazar este cuello de botella estratégico pretende disuadir a Washington de nuevas provocaciones militares. Sin embargo, esta estrategia no solo constituye un acto de autolesión a largo plazo, sino que inflige un daño indiscriminado a las cadenas de suministro globales.

Hoy el estrecho permanece sumido en el bloqueo y la incertidumbre. Para forzar concesiones, Irán exige el fin de las políticas hostiles, el levantamiento de sanciones y el desbloqueo de sus activos en el exterior. Estas exigencias no solo buscan elevar la apuesta diplomática, sino consolidar el tránsito por Ormuz como el eje de sus interacciones a medio y largo plazo.

A corto plazo, la táctica funciona. Por allí transita casi la quinta parte del petróleo y gas mundial; Teherán no necesita cerrar la vía por completo: basta con deteriorar la seguridad para disparar las primas de seguros, desviar rutas marítimas y alterar los precios del crudo, convirtiendo su inferioridad militar en coerción económica.

Sin embargo, esta disuasión asimétrica ha errado el tiro.

Aunque busca golpear a Washington, el impacto lo encajan los compradores asiáticos. Según la EIA estadounidense, el 84 % del crudo que cruza Ormuz se destina a Asia (el 69 % a China, India, Japón y Corea del Sur), mientras que las importaciones de EE. UU. por esta vía apenas representan el 2 % de su consumo interno. El cuchillo de Teherán no daña la economía estadounidense, sino la de sus propios socios asiáticos.

Además, la estrategia se vuelve rápidamente en contra de Irán. Asfixiado por las sanciones y el bloqueo naval de EE. UU., el régimen depende por completo del estrecho para exportar sus hidrocarburos. El embarque diario de crudo iraní cayó de dos millones de barriles en marzo de 2026 a menos de 250.000 en agosto. Los altos precios del petróleo no se traducen en ingresos reales y la parálisis exportadora erosiona su capacidad para estabilizar el cambio y los precios internos.

El mercado jamás se queda atrapado a la espera.

Con el bloqueo enquistado, la resiliencia global se ha activado. Como señaló Georges Elhedery, consejero delegado de HSBC, las rutas alternativas podrían hacer que Ormuz deje de ser «imprescindible» en cinco años. Los datos ya lo ratifican: gracias al oleoducto Este-Oeste saudí y a la vía terrestre hacia el puerto emiratarí de Fuyaira, las exportaciones del Golfo (excluyendo a Irán) alcanzaron a mediados de octubre los 24,6 millones de barriles diarios, superando niveles previos al conflicto. Una vez que el comercio aprende a protegerse, no permite ser rehén del mismo cuello de botella dos veces.

Paralelamente, los precios elevados aceleran la transición hacia energías renovables entre los importadores. Mientras sus vecinos buscan alternativas, las opciones comerciales de Teherán se reducen. El tiempo no juega a su favor.

Más grave que el impacto comercial es el abrumador déficit de confianza generado. Anwar Gargash, asesor diplomático de los Emiratos Árabes Unidos, subrayó que cualquier solución a largo plazo exige garantías creíbles contra eventuales ataques iraníes. Usar la libertad de navegación como arma dispara la desconfianza regional, alimentando una carrera armamentística y justificando la presencia militar permanente de potencias extranjeras bajo el pretexto de proteger el tráfico marítimo.

El estrecho de Ormuz es un arma de doble filo: suma presión a corto plazo, pero no genera seguridad duradera. Vincular la reapertura al cese del fuego, el alivio de sanciones y un marco regional de seguridad es la única vía para transformar disuasión en rédito político. Si Teherán perpetúa la crisis, el precio en aislamiento diplomático, contracción comercial y vulnerabilidad terminará superando con creces cualquier concesión que aspire a arrancar a Washington.

(Yushi Wang, de la Universidad de Tsinghua, también contribuyó a este artículo.)

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