Los dictadores de la independencia (2)
Lea aquí el artículo de Javier Escala La entrada Los dictadores de la independencia (2) se publicó primero en Últimas Noticias.

El Libertador gustaba del mando único, motivado por las experiencias y realidades que vivió como político. Nunca gobernó un país en paz. Entre 1813 y 1826 lideró bajo el peso de la guerra, mientras que desde 1827 a 1830 sobre el caos político. La dictadura, sustentada en su prestigio, la utilizó como contención. No creyó que los poderes clásicos libraran a una nación de su destrucción: “Jamás un congreso ha salvado una república”. La conclusión de sus lecturas sobre la antigua Roma, la Francia revolucionaria y vivencias en la República de 1811 le hicieron creer eso. Los congresos eran el mecanismo para legitimar un Estado, pero solo después de calmar las facciones; las dictaduras, la vía para llegar a la paz.
Conocía que toda dictadura prolongada en el tiempo era peligrosa y por eso negó ser imitador de Julio César o Napoleón. César tomó la dictadura legal de Roma para su interés personal. Cambió su condición temporal por una vitalicia, concentró poder para debilitar al Senado y usó la lealtad militar hacia él para ejercer una autoridad de culto propio. Napoleón, por otro lado, llegó al poder en 1799 tras disolver con bayonetas la Asamblea. Bolívar pudo, con el apoyo popular y militar que tenía, ser dictador vitalicio como Gaspar de Francia en Paraguay o coronarse emperador como Iturbide en México, pero declaró: “El título de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano”. Su propia hermana María Antonia, realista hasta el fin de la guerra, le aconsejó cuando desde Caracas enviaron a Antonio Leocadio Guzmán a proponerle la corona en Lima: “Di siempre lo que dijiste en Cumaná el año de 14: Que serías Libertador o muerto”. Ese es tu verdadero título, el que te ha elevado sobre los hombres grandes y el que te conservará las glorias que has adquirido a costa de tantos sacrificios. Detesta a todo el que te proponga corona porque ese procura tu ruina”. Al final declinó ser rey e incluso presidente vitalicio.
La presidencia vitalicia, que creó para la Constitución de 1826, es otra de las críticas lanzadas en su contra. No obstante, ninguno de esos opinadores reconoce con alguna honestidad intelectual que renunció a ese poder en Bolivia, pues lo delegó en Sucre, quien acepta solo por dos años. ¿Qué le impedía entonces tomar el mando perpetuo?…
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