Talentos y competencias que transforman
Lea aquí Reflexiones desde la ciencia y la tecnología de Roberto Betancourt A. La entrada Talentos y competencias que transforman se publicó primero en Últimas Noticias.

Etiopía, un país africano de unos 139 millones de habitantes y una extensión territorial comparable a la de Venezuela, decidió adaptar el kaizen japonés (procesos de mejora continua) a sus fábricas. Entre 2009 y 2011, un proyecto piloto involucró a 28 empresas de los sectores de la alimentación, la química, la metalurgia, el cuero y los textiles. Tras seis meses de asesoría, el beneficio operativo estimado osciló entre los 30.000 y los 190.000 dólares por empresa. Una de ellas redujo a la mitad el tiempo «dedicado a buscar herramientas». La clave fue involucrar a los trabajadores y formar equipos locales para mantener las mejoras.
Brasil siguió otra trayectoria inspirada en el modelo alemán Fraunhofer (una red de institutos de investigación aplicada que funcionan como puentes entre los laboratorios y las empresas industriales) y creó Embrapii en 2013, acreditando centros de investigación existentes para compartir con las empresas los gastos de inversión y los riesgos tecnológicos. Hasta septiembre de 2026 se habían acumulado 4.458 proyectos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), se asistió a 3.066 empresas y se invirtieron 9 mil millones de reales (unos 1.700 millones de dólares). Estos son claros resultados de colaboración y financiamiento, cuyo impacto definitivo sobre las ventas, las exportaciones y la productividad exige mayores evaluaciones.
También, Estados Unidos estudió experiencias de otros países, incluida la propia red Fraunhofer, para desarrollar Manufacturing USA, una red de colaboración entre institutos de investigación centrada en el desarrollo de tecnologías de fabricación mediante asociaciones público-privadas entre la industria, las universidades y las agencias del gobierno federal. En el año fiscal 2023, sus centros gestionaron 929 proyectos activos de I+D+i, con un gasto total de 540 millones de dólares, de los cuales 160 millones procedían de fondos federales y 380 millones de otras fuentes públicas y privadas. Además, cumplieron el 85 % de los principales hitos técnicos previstos. Incluso las potencias industriales aprenden del exterior.
Según el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), más de 77.000 personas participan en actividades de I+D+i en Venezuela, por lo que valdría la pena preguntarse, ¿qué podemos aprender los hombres y mujeres de este ecosistema de estas experiencias? Efectivamente, esta capacidad puede vincularse con fábricas, centros de investigación, universidades y comunidades para resolver problemas concretos siguiendo las mejores prácticas adaptadas anticipadamente a la cultura nacional, sin perder de vista las debilidades, y reconociendo las fortalezas, las oportunidades y las dificultades. Conviene seleccionar desafíos productivos, adaptar las prácticas a nuestras culturas de trabajo y evaluar pilotos en períodos regulares de 12 y 24 meses, teniendo en cuenta aspectos como el número de investigadoras e investigadores participantes a tiempo completo, sus competencias particulares, la inversión empresarial necesaria, los prototipos probados, el ahorro de recursos y las tecnologías efectivamente utilizadas.
Es indispensable recordar que una cifra de personal expresa capacidad y que convertirla en mejoras verificables para la población requiere un método para producir con sentido.
@betancourt_phd
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